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                                                                 Existe una vieja advertencia cabalÃstica
                                                                                    Que informa sobre el final de los tiempos
                                                                                     Cuando muera el último primogénito de
                                                                                       La estirpe de los justos......
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BENY, EL ÚLTIMO MAIMONIDE. (Cuento).
Era un viernes por la tarde, después del almuerzo que ese dÃa se toma tarde porque es el fin de la semana y el comienzo del descanso, shimon me llamó: vamos a or-haner que quiero hablar con Meir y ver cómo van los preparativos de los que se van a droramérica.
De Bror-chail a or-haner hay unos 30 minutos en bicicleta por una carretera asfaltada y solitaria que en un pasado no muy lejano sirvió de aeródromo para las naves del Irgún en la conquista del Neguev. En aquellos años la guerra era justamente lo que por estos lados esta actividad nunca ha dejado de ser: una actividad santa. Primero se bombardeaban los pueblos y aldeas de la zona y luego se llegaba por tierra con los camiones para levantar a los sobrevivientes y llevarlos con sus trastos y animales hasta la ciudad de Gaza y dejarlos allà en espera de que lentamente fueran tomando camino al Sinaà y luego al valle del Nilo, a casa de sus antiguos patrones, irónicamente el mismo camino por el que miles de años atrás otros escapaban a la furia del Rey.
Los feudos estaban pagos, las negociaciones se habÃan llevado a cabo en los salones de Londres  y Leipzig en el más completo anonimato y con los lingotes de oro que los viejos feudales Egipcios habÃan exigido a los elderes marxistas de la organización para el retorno. Nada estaba al azar en esta cuidadosa negociación que por fin estaba dando sus frutos y terminarÃa por cumplir la profecÃa milenaria. Ya no se oirÃan mas los reclamos en el templo, no mas súplicas a ese dios sordo y cruel que ignoraba sus penurias, ellos mismos y con sus propios recursos llevarÃan a cabo aquello que el viejo  y olvidadizo patriarca  se empeñaba en rechazar dejándolos a merced de los gentiles salvajes e ignorantes que no escatimaban oportunidad en recordarles su sitio en la Europa cristiana: fuera de ella.
Llegamos cuando todos los muchachos recién salidos del ejercito estaban retozando echados sobre la hierba, algunos extendÃan sus bolsas de viaje e inventariaban minuciosamente cada una de las prendas que habrÃan de llevar, nada de excesos de equipaje, sólo lo justo para seis meses de correrÃas por las llanuras de Suramérica desde el glaciar perito moreno en la Patagonia hasta la sierra nevada de Santa Marta en las montañas de los andes en Colombia, pasando por las infinitas llanuras del chaco y el altiplano Boliviano. La bencina también serÃa cuidadosamente controlada para evitar salirse del presupuesto.
Beny estaba apretando las cuerdas dentro del guacal de las motocicletas, cuatro en total para cuatro muchachos ávidos de aventuras y peligros en las tierras que sus padres acababan de abandonar. Shabetay y Judith abandonaron la Argentina en 1.955, recién casados, a la edad de 25 años con una maleta llena de sueños y promesas por cumplir en una tierra que se les habÃa mostrado siempre esquiva desde los atrios del templo en Beirut  y en Casablanca  y se les habÃa repetido de nuevo en Buenos Aires...."sois los hijos de Israel, debéis regresar vuestra sangre a la tierra que fue entregada a vuestros abuelos"....sin embargo, no estaba completa la profecÃa. Faltaba llevar la sangre de los justos, de los herederos de la sangre de Sión que  deberÃan garantizar con su presencia la protección divina en la construcción del tercer templo.
Esa tarde todos charlamos animadamente sobre las eventualidades del viaje, las extrañas comidas que les aguardaba, muy distintas al menú sagrado al que estaban acostumbrados, la difÃcil geografÃa totalmente nueva para todos ellos que no conocÃan mas montañas que las bajas colinas de Jerusalén. Ninguno de ellos habÃa estado jamás en Suramérica y menos probado sus habilidades en aquellos peligrosos caminos montañosos y resbaladizos que constituyen el común de las trochas en ese inhóspito y gentil continente. Para ellos se trataba de tierras fantásticas llenas de rebaños de llamas y vicuñas e indios silenciosos que adoraban el sol y las estrellas, de rÃos trepidantes que bajan de las sierras y ciudades llenas de putas descaradas muy baratas  y mendigos "que te roban hasta las agujetas de las zapatillas si te dejas". Todo ese valioso material informativo lo habÃan recibido paulatinamente en las cartillas de lectura de su infancia y de los programas de televisión en los fines de semana.
Shabetay los observaba silenciosamente, no querÃa que por nada del mundo su primogénito perdiera esta valiosa oportunidad de ver con sus propios ojos la maldad y la miseria que poco a poco carcomÃa la tierra de los gentiles y que con el tiempo sólo se detendrÃa en las costas  de su tierra Santa, tal y como estaba escrito en el gran libro y habÃa sido sabiamente comentado por ese iluminado ancestro suyo y cuya sangre ahora corrÃa por las venas de aquel apuesto y vigoroso aventurero.
Shabetay Ben Bahbut hijo de Salomón Bension hijo de Abraham Ibnsion y asà sucesivamente hasta llegar al gran maimonides shabrut, sabio de sabios, comentador de la gran obra y recipiente de la sangre que verÃa el milagro del tercer templo.
De hecho, los progenitores de las últimas generaciones habÃan sido cuidadosamente enterrados en el monte de los olivos a la espera del gran portento. Nada auguraba nada distinto al cumplimiento de la profecÃa, todo estaba dado y allà el nuevo Isaac listo para repetir el convenio, su sangre serÃa derramada para agradar a dios, si fuese necesario, sobre la legendaria piedra del templo.
Ese dÃa cuando hablamos de sus rutas y planes traté de saber un poco más de las rutas, yo querÃa saber cuántos tramos sin asfaltar estaban planeados en vista del evidente peligro que eso representaba frente al cambiante e inestable clima que caracteriza el continente. No hacÃa más de cinco años que yo mismo habÃa sufrido un accidente de motocicleta en compañÃa de mi hermano mayor en una de esas carreteras sin asfaltar y deseaba ponerlos al corriente de los riegos.
-todo está bajo control- somos unos duros en las motos- me respondió Beny.
Lo miré a los ojos y sentà escalofrÃos, me pareció vislumbrar una chispa de temeraria estupidez en su forma de responder....ese era uno de esos defectos que empezaban a surgir en los últimos años en aquel ejercito invencible que ganaba todas las batallas contra todas las probabilidades, de aquellos comandos poderosos  que rescataban a las vÃctimas de la boca del lobo en cualquier lugar del planeta, de los vengadores divinos que lavaban con la sangre de los asesinos nazis las matanzas de la segunda guerra  mundial....habÃan llegado a interpretar aquello como otra de las incuestionables señales divinas: finalmente eloÃm estaba reconociendo a sus hijos y les estaba llamando a la tierra prometida y Beny no era ajeno a ello, mejor aún, era uno de sus primogénitos elegidos y Shabetay lo sabÃa.
Por eso no me extrañó verlo morir mucho antes del infarto, cuando tambien sus ojos estaban vacÃos, perdió el habla y su corazón se cerró para siempre en el mundo de los vivos. Sus ojos estaban vacÃos, su corazón no amaba ya esta tierra y al viejo eloÃm  no le volvió a pedir ni uno solo de sus deseos, es más, le cerró sus puertas y quemó por dentro todo vestigio de esperanza. La tierra ya no le importaba, el templo no significaba nada para él, su amor habÃa muerto en un accidente de motocicleta en una solitaria carretera sin asfaltar, en una desconocida provincia Boliviana a miles de kilómetros de distancia.
Hoy la otra profecÃa se ha cumplido, ha muerto el último hombre justo en la tierra de Israel, la última gota de sangre de la estirpe de Maimonides ha sido derramada en los gentiles peñascos de aquellas tierras de donde nunca han debido de salir.
La promesa ha sido abandonada, ya pronto llegarán las huestes del desierto para destrozar una vez más la tierra de leche y miel.
Fin.
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