una de las costumbres mas intersantes que descubrí desde la primera vez que visité un kibutz fué aquella de cambiarse los nombres, hacerse llamar de forma bastante distinta a la que aparece en el documento de identidad del pais de donde provienen, talvez buscando como lo hace Amos Oz, crear  alguna vinculacion o sentido de pertenencia al lugar donde se vive, al sitio que nos presta su identidad, que en este caso puede ser  una calle en Jerusalem, un barrio.

en Bror chail , un kibutz en la puerta del desierto del Neguev y a pocos kilometros de la franja de Gaza, constituido en su mayoria por inmigrantes llegados del Brasil se pueden encontrar las mas pintorescas versiones de tales identidades nuevas, nombres derivados  de montes famosos, sitios históricos destacados, relatos fantasticos de la biblia, de antiguos caminos, señales y un sinnumero de referencias historicas. es una estrategia muy zagas.con ello se construye un lindo y romantico vínculo con el pasado y en muchas forma legaliza el retorno, que de otra forma terminaría siendo desvirtuado por la resonancia de un nombre y un apellido absolutamente extraño a estas tierras y estas gentes. en todas las culturas el nombre de familia está vinculado con la region de donde se proviene o incluso con el oficio del padre, conozco un amigo sueco cuyo apellido traduce "hijo del hombre que corta leña en el bosque", cosa que nos puede resultar obvia en un pais que está totalmente compuesto por inmensas coníferas.

en Israel la cosa marcha por la misma senda, salvo un minúsculo detalle: fueron  concebidos para justifcar la historia contemporánea de la repoblacion, sionismo-kibutz-tierra, a todo lo cual el noble escritor Amos Oz no podía ser ajeno. acabo de iniciar la lectura de esta su autobiografía y de entrada encuentro que su amor por todo aquello es cinematográfico, lo cual me reconforta pues con esto compruebo que somos muchos los que fuimos seducidos por ese magnífico manejo de los medios en pos de la causa.todos quisimos en algun momento emular esos eroes vivos y robustos que posaban magníficamente para las ávidas camaras de los creativos a cargo de la maquinaria publicitaria. una jugada maestra indiscutible. me hace recordar las peliculas de Hollywood de mi infancia, de indios y vaqueros( ambientada con musica Hasidick) de fondo en las cuales todos estabamos de parte de los rubios vaqueros americanos, sin detenernos en el detalle trascendental de que los indios masacrados por los hermosos vaqueros norteamericanos eran indiscutiblemente nuestros propios familiares,nuestros propios antepasados indigenas !.

iniciando la novela ya nos encontramos con un Amos- niño-  seducido por esos juegos de sombras de la maquinaria propagandística sionista enpeñada en la conquista palestina, sobre todo estaban de moda en aquella época los aviones de combate  y sus glamorosos pilotos tipo Baron rojo, de fisicos bien cuidados con sus guantes y chaquetas de cuero por los que las chicas morían a sus lado.

e iniciado esta lectura en especial, porque el momento actual me permite una mejor linea de contraste entre lo que Amos Oz  vió y vivió, lo que personalmente conocí en la época de los ochenta y lo que la actualidad nos presenta Israel como conglomerado humano, creando así de un modo bastante claro un panorama historico del esfuerzo fundacional frente a sus logros y sus reveses, el impacto de los metodos usados en pos de los logros y sobretodo el efecto sobre los mismos Israelíes.