Un mercado,cualquiera de esos lugares que por costumbre o tradición  los grupos humanos deciden establecer como lugar de intercambio de todo tipo de mercancias fisicas e iimaginarias, resulta tambien por lo general siendo un lugar específico en la cultura y la imaginacion del pueblo a lo largo de generaciones. este sitio en especial, el shuk-ha Beduim de la ciudad de Beersheva en el desierto del Neguev en Israel  ha muerto. Es una muerte muy lamentable para muchos habitantes del mundo, desde el simple turista curioso que con el deseo de conocer de cerca las comidas, ropas y chucherías llegaba a deleitarse con los olores del pan de pita y záatar especial y diferente que las viejas beduinas preparában acurrucádas en el suelo sobre un fogon de tres carbones  hasta el experimentado explorador en busca de monedas antiguas y pedazos de la historia del desierto que antiguamente estos rastreadores del desierto traían todos los Jueves en la mañana a esta esquina sur-occidental del Neguev.

ni que decir de la compra-venta de camellos,  cabritos y todo tipo de semovientes que se realizaba a un costado del mercado, en donde por tres cientos dolares se podía comprar un camello manso y abnegado que de tonto no tenía nada, pues al menor intento de separlo del grupo se estacaba como una roca y tocaba motivarlo a  caña,cosa que ponía en tela de juicio al infeliz vendedor frente a los ojos preambientalistas de los cientos de turistas que se reunían allí para tomarse fotos sobre los camellos( por un dolar de comision).

en una ocasion,allá por el año de 1.981 y estando de visita el este mercado con un grupo de amigos brasileros que estaban acompañados de sus respectivas novias recien llegadas de Salvador de Bahia, con sus bronceados recientes y sus minifaldas ajustadas, los llevé a conocer el tan mencionado mercado de animales y de paso tomarles la foto sobre los camellos. estando en las negociaciones sobre el precio grupal por las fotos, uno de los jefes beduinos y propietario de rebaños en el mercado, se acercó y se quedó mirando detenidamente a una de las muchachas que acompañaban el grupo. a los pocos minutos me llamó a un costado y en voz baja y  luego de un saludo ceremonial, me invitó a  negociar a la atractiva brasilera  por cuatro de sus mejores camellos !!....yo me sonreí  y le dije que no me parecía mala la propuesta pero que desafortunadamente la mujer en cuestion no me pertenecía sino que venía acompañando a otro  de los muchachos y que muy seguramente aquél no se la vendería ni por el rebaño completo.

el encanto de aquel viejo mercado radicaba en ser un punto de encuentro de tradiciones y formas de vida que  estaban a grandes distancias y periodos de tiempo, que compartían en aquel reducido espacio  los tesoros mas profundos del pasado en el desierto, como por ejemplo los rollos del mar muerto que fueron hallados casi en su totalidad acá, o las innumerables reliquias y tejidos que por miles de años constituyeron la identidad de un pueblo nómada, sus trajes de fondo negro y colores vistosos que guardan alguna lejana similitud con aquellos que se ven en las indias del altiplano Boliviano.

el valor de aquellos pesados trajes tejidos y brocados con hilos y piezzas de metal brillante que exibían en el mercado lo constituía la tradicion heredada que cada pieza  poseía, sus anteriores propietarias y la casta que representaba junto con el valor implícito de sus numerosas ceremonias,acompañando al rito tradicional de la misma forma en que hoy día  dicta la tradicion en las ceremonias religiosas judías y cristianas que la novia lleve el día de su boda una prenda usada en una ceremonia anterior.

ha muerto el mercado beduino de Beersheva y con el muere uno de los sitios que  formaba parte del imaginario vivo de la tradicion judeo-cristiana. murió el pozo de agua en donde el viejo Abraham solía traer a beber a sus rebaños, el lugar en donde sus hijos encontraban esposas y amantes para mitigar los meses solitarios en las llanuras yermas del desierto, el lugar en donde el mismo abraham, tal y como me lo propusiera aquel mercader beduino,quiso comprarle una de sus mujeres al viejo rey Abimelec.